Tercer asalto
Cuando Joan Laporta abandonó la presidencia del Barça en junio del año pasado, el bueno de Pep Guardiola quedó terriblemente expuesto. Laporta tenía su buena colección de defectos, pero se partía la cara por el barcelonismo, un día sí y otro también. Desde entonces, la actitud de Sandro ha sido más bien discreta, cuando no directamente invisible. Es decir, ante las reiteradas provocaciones de Mourinho y la prensa madridista, ha sido el propio Guardiola quien ha tenido que hacer de paraguas y de pararrayos. La explosión de ayer en la ya famosa rueda de prensa mostró por fin el lado más vulnerable del técnico culé, lo cual es bueno y es malo a partes iguales. Es bueno porque ya iba siendo hora de que alguien replicase al portugués utilizando sus mismas armas, pero malo porque la elegancia y la cortesía han perdido uno de sus más ilustres adalides. Por lo demás, hoy tiene lugar el tercer round de este combate a cuatro asaltos, este Clásico hiperdes...