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No todos se sienten caballas

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  Ayer fue la última vez que me preguntaron: «¿Por qué no te borras ya del Barcelona?» La pregunta tiene su lógica. Porque sí, soy del Barça, y todo el mundo sabe. Lo soy desde niño, siempre lo he sido y, salvo cat- ástrofe muy gorda, siempre lo seré. Pero eso no significa que tenga que estar de acuerdo con todo lo que hacen sus dirigentes: uno puede querer mucho a su club y, precisamente por eso, ser capaz de criticarlo cuando considera que se equivoca. Estos días se está poniendo a caldo a los futbolistas del Real Madrid Mbappé , Vinicius y Konaté por no haber lucido íntegramente la camiseta de apoyo a Ceuta (« Todos somos caballas », decía).   Esos tres señores no son, precisamente, santo de mi devoción, pero, al menos, uno de ellos —el Dictad… digo Mbappé— ha tenido a bien ofrecer a sus seguidores una explicación, una justificación. Podemos, por tanto, debatir sobre si las tres estrellas madridistas hicieron bien o mal. Pero los culés deberíamos estarles hasta cier...

Julián, el deseado

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El FC Barcelona está protagonizando, una vez más, el culebrón del verano. Esta vez, con un protagonista que, al igual que Nico Williams, también viste (al menos en la parte superior de su indumentaria) de rojiblanco: Julián Álvarez , delantero de 26 años que milita actualmente en el Atlético de Madrid y que los colchoneros ficharon hace dos temporadas procedente del Manchester City . Aunque a las órdenes del Cholo Simeone no ha dado su mejor versión, para Joan Laporta , Deco y el entrenador Hansi Flick , Julián es uno de los jugadores más completos del mundo y, desde hace muchos meses, se conoce el interés del Barça por él. A tres días del cierre del mercado de fichajes, el Atlético dice que Julián Álvarez no jugará jamás en el Barça. El jugador quiere marcharse, el Barça lo quiere y Gil Marín acusa al club azulgrana de falta de ética. Pero ¿qué ha hecho exactamente el Barcelona que no hagan todos los grandes clubes cuando quieren fichar a un futbolista con contrato?. La histo...

Lo de Ferrán

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  Alucino con lo que está haciendo Ferrán Torres. Recordemos que el atacante nacido en Foios (Valencia) hace 26 años fue fichado por el Barça en Enero de 2022, cuando militaba en el Manchester City.  Por él se pagaron unos muy generosos 55 millones de euros, a mi juicio excesivos e incluso escandalosos por cuanto no era ni mucho menos la estrella del equipo, sino prácticamente un descarte de Guardiola. En estos cuatro años, Ferrán ha gozado de sobradas oportunidades para mostrar y demostrar su auténtico talento.  Y hay que reconocer que la mayoría las ha desperdiciado.  A ver, él sabía que venía no como titular sino como suplente, un rol que no le gusta a nadie pero que existe y que hay que saber asumir con entereza y dignidad.  Torres era consciente, por tanto, de que por delante de él estaban Aubameyang primero y Lewandowski después, y de que su misión era entrar como refresco en las segundas partes o suplir a sus predecesores en caso de lesión.  Pero...

¡A la finalísima!

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  Este año, estoy percibiendo un componente casi religioso en la relación entre España y su Selección de fútbol: una fe ciega, inquebrantable, que sobrevive a los empates inexplicables, a los partidos espesos y a las fases de grupo que parecen diseñadas para poner a prueba la paciencia del creyente.  Y, sin embargo, ahí seguimos: nunca hemos dejado de estar convencidos de que España puede ganar este Mundial… incluso cuando, a decir verdad, no está deslumbrando con el mismo brillo que en la Eurocopa de hace dos años, cuando nos hizo creer que el fútbol podía ser una sinfonía. Porque este equipo, aunque parezca menos brillante, sigue siendo ejemplar . No necesita estrellas que acaparen portadas ni egos que reclamen focos.  Su virtud es otra: solidez, cohesión, trabajo coral , un fútbol que se construye desde la humildad y que funciona como un mecanismo de precisión. España juega como quien sabe que no tiene un Messi, pero sí once jugadores que entienden el juego c...

El mando a distancia se quedó sin pilas

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  Estaba yo el otro día desayunando tranquilamente en el bar en el que suelo ver los partidos de fútbol que disputa mi equipo, que es, como todo el mundo sabe, el Fútbol Club Barcelona.   Me hallaba inmerso en la degustación de una sanísima tostadita integral cuando, durante una acalorada discusión que en la barra mantenían varios madridistas que se lamentaban de lo mal que estaba funcionando su equipo esta temporada, uno de ellos se giró hacia mí (y no entiendo por qué concretamente hacía mi) y dijo: “ A pesar de todo, la punta del llavero del mando a distancia del garaje del Bernabeu vale más que todo el Barcelona junto ”.   Yo me callé, obviamente, porque no es mi estilo discutir y menos por tonterías de esa índole, pero, a juzgar por lo sucedido ayer en Munich, tengo que preguntarme si no será que ese famoso mando a distancia se ha quedado sin pilas…

El caso Negreira

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  El “ Caso Negreira ” convulsionó al mundo del Deporte (en realidad, a toda la opinión pública española y parte de la internacional) hace ahora casi tres años, en Febrero de 2023.   Lo destapó la Cadena SER, cuya redacción en Barcelona tuvo conocimiento de una serie de inspecciones fiscales que Hacienda llevó a cabo sobre un tal  José María Enríquez Negreira , quien   fuera  vicepresidente del Comité Técnico de Árbitros (CTA) desde 1994 hasta 2018, por posibles irregularidades fiscales en sus empresas, especialmente  DASNIL 95  y  NILSAT .    Durante esa investigación, se descubrió que el señor Negreira había percibido del  Fútbol Club Barcelona  un total de  7,6 millones de euros  entre los años 2001 y 2018, algo que inquietó profundamente a la Fiscalía Anticorrupción, la cual inició, a su vez, un procedimiento que todavía está en pleno apogeo.   Los hechos probados indican que el Barça pagaba a Negreira y éste...

Acoso antideportivo

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  En mi perfil de la red social X (anteriormente Twitter) lo digo bien claro: “ Amante del cine, enamorado de la música, coleccionista de comics y admirador del fútbol del Barça ”.   Así soy yo.   No estoy seguro de que, como dicen los culés más fanáticos, “ Ser del Barça és el millor que hi ha ”, porque todos los equipos y, por ende, todos sus aficionados tenemos casi tantas satisfacciones como decepciones, pero yo intento no perderme ningún partido de los que disputa mi equipo.   Desde que, durante un alocado plan de ahorro, me di de baja de la (costosísima) opción deportiva de mi operador, me veo obligado a bajar al bar más cercano para disfrutar/sufrir los eventos de color azulgrana, en un ambiente que suele ser favorable pero que, de vez en cuando, llega a ponerse un poco hostil.   Sí, la mayoría de los que allí nos juntamos somos culés, pero es muy habitual que se infiltren entre nosotros algunos elementos subversivos que, mira tú por dónde, siemp...