No hay placer mayor
Mientras que uno de los rasgos más negativos de los aficionados culés es que solemos desconfiar de los nuestros y dudar hasta última hora de nuestras posibilidades tras haber sufrido cualquier mínimo revés, lo más significativo de los merengues es que, todos los días y pase lo que pase, se jactan de que son los mejores, los más guapos, los más altos y los más anchos. Claro que tanta autoconfianza da paso al orgullo, y éste a la prepotencia y a la chulería. Son, todos ellos, calificativos que todos hemos leído alguna vez para definir lo que es el madridismo. Nosotros, para justificar nuestra convicción de que el Barça es el mejor equipo del mundo, tenemos que armarnos de seis títulos y un juego que enamora. A ellos les basta con decírselo a sí mismos, amparándose en la presión mediática de sus periódicos, radios y televisiones afines y con la aquiescencia de ese disparatado número de españolitos que, por cuestiones políticas, ha convertido al Madrid patriótico en adalid mesiánico contra...